Sentido y Sexibilidad: Mil Palabras

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SentidoSexibilidad-bannerTodos hemos escuchado el dicho: "una imagen vale mil palabras". Un poco manoseado, tal vez, pero entendemos el punto: cada imagen cuenta una historia. Sin embargo, a pesar de las millones y millones de palabras publicadas durante los años por 'Sports Illustrated,’ la revista actual más popular en el mundo de deportes, la palabra que rara vez (si acaso) incluyen entre sus portadas es la palabra "gay".

La verdad es que la comunidad gay ha hecho enormes progresos en sus esfuerzos por obtener igualdad y aceptación en todos los aspectos de la sociedad. Sin embargo, dos de esas facciones permanecen algo fuera de nuestro alcance incluso después de décadas de agotadores intentos de unidad entre nuestra población y las de ellas. Una es la religión (pero no quiero empezar a escribir sobre eso en este momento), la otra es el mundo deportivo. Teniendo en cuenta el nivel extraordinariamente alto de testosterona en los deportes profesionales, no debe extrañar que todo homosexual se evita como una plaga. Atletas abiertamente gay son bastante común en estos días en deportes donde los atletas compiten como individuos (tenis y golf, por ejemplo), pero deportes de equipos son un animal totalmente diferente y homofóbico.

Esto dicho, te imaginas mi choque la semana pasada en lo que yo leeia la edicion especial sobre el Super Bowl que publica SI todos los años (sí, he sido un fanático del fútbol americano toda la vida) y veo dos hombres besándose. Casi me caí de mi asiento! El choque dio paso a la verdadera emoción cuando me di cuenta de que la fotografía era parte de una exposición de un popular bar gay en San Francisco. En ella, el mesero afirma que muchos de los clientes del bar entran sin saber que el bar abastece a los gay aficionado de deportes. Una vez dentro, desarollan lazos sobre todos los equipos de San Francisco y todos se divirtieron.

Y ahí es que existe la principal lección, ¿no? Entre entrar accidentalmente a un bar con una clientela particular y vinculación sobre malos árbitros y cerveza, los aficionados — gay y hetero por igual — se dan cuenta que son más iguales que diferentes. En pocas palabras, esa es la lección que la comunidad LGBT ha estado tratando de enseñarle a nuestros detractores (y al mundo) desde que el movimiento comenzó. ¿En un nivel básico a todos nos gusta celebrar nuestros equipos (ya sean fútbol o gimnasia), todos disfrutamos compartir esa admiración con desconocidos y amigos, y quien no disfruta un buen beso con un sobrexcitado, tiarrón achispado, fanático de deportes después de que su equipo anote en un momento importante? ¿Quién iba pensar que los disturbios y protestas un día serían reemplazado por patatas fritas y la celebración occasional de un touchdown?

OK, tal vez la imagen de dos hombres besándose, publicada en una revista tan cargada de testosterona que gotea sudor no clasificará muy alta en la lista de logros históricos para el equipo LGBT, pero lo tomaremos. Si una de las revistas más heterosexuales en el planeta se siente que sus lectores (abrumadoramente masculinos) han progresado lo suficiente como para considerar la imagen de dos hombres entrelazados de labios como norma, como aceptable, entonces los esfuerzos de nuestra comunidad no son en vano. No será un gran paso, pero cada paso adelante, independientemente de su tamaño, es movimiento en la dirección correcta. Vamos a considerarlo como uns pequeña, aunque tranquilizadora colectiva palmadita en la espalda por un trabajo bien hecho, o, quizás, en este caso, una colectiva palmadita en el trasero (como hacen los futbolistas Americanos, claro).

 

SentidoSexibilidad-1We’ve all heard the saying: “a picture is worth a thousand words.” A little overused, perhaps, but we get the point: every image tells a story. However, despite the millions and millions of words published by the sports world’s most popular magazine ‘Sports Illustrated’ over the years, the one word they rarely (if ever) include between their covers is the word “gay.”

 

The truth is that the gay community has made huge strides in its effort to gain equality and acceptance in every aspect of society. However, two of those factions remain somewhat out of our reach even after decades of grueling attempts at unity between our population and theirs. One is religion (but I won’t get into that here—don’t get me started), the other is professional sports. Considering the extraordinarily high level of testosterone involved in professional sports, it’s no wonder all things gay are avoided like the plague. Openly gay athletes are quite common these days in sports where athletes compete as individuals (tennis and golf, for example), but team sports are an entirely different and homophobic animal.

 

This having been said, you can imagine my shock last week as I was perusing SI’s annual Super Bowl preview issue (yes I’ve been a life-long football fan) and I see the sight of two men kissing. I nearly fell off my seat! The shock gave way to genuine excitement when I realized that the photograph was part of an exposé by the magazine of a popular gay sports bar in San Francisco. In it, the bartender claims that many of the bar’s patrons walk in not knowing it caters to the gay sports fan. Once inside, they bond over all things San Francisco and a good time is had by all. 

 

And therein lies the principal lesson, doesn’t it? Somewhere between accidentally walking into a bar with a particular clientele and bonding over bad referees and beer those fans—gay and straight alike—realize that they are more alike than they are different. In a nutshell, that’s the lesson the LGBT community has been trying to teach our detractors (and the world) since the movement began. At a basic level we all like to celebrate our teams (be they football or gymnastics), we all enjoy sharing that admiration with like-minded friends and strangers, and who doesn’t enjoy locking lips with an overexcited, hunky, tipsy, sports fan after your team scores big? Who knew riots and protests would one day be replaced by chips and dip and the occasional touchdown celebration?

 

Ok, perhaps a picture of two men kissing published in a magazine so testosterone-laden it drips with sweat won’t rank very high on the list of historic accomplishments for team LGBT, but we’ll take it.  If one of the most heterosexual magazines on the planet feels that its overwhelmingly male readership has progressed enough to deem the image of two men locking lips as the norm, as acceptable, then our community’s efforts are not in vain. It may not be a large step, but every step forward, regardless of size, is moving in the right direction. Let’s look at it as a small, albeit reassuring collective pat on the back for a job well done, or, perhaps, in this case, a collective pat on the butt (you know…like the football players do).

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